martes, 3 de julio de 2007

LA SOMBRA


Me apetece describir mi relación con la sombra, más que con la mía, con la que proyectan los vómitos. En la esquina de un banco callejero, apoyado sobre el brazo de hierro, mi amigo Juan G. masca los restos que se le han quedado pegados a los labios. Se sujeta la cabeza, sino se iría contra sus rodillas. Es desolador. Es la ausencia de de control. Sólo un pensamiento embaza el cuerpo, sólo un malestar que le recuerda vagamente que viene de comerse el día y la noche a la vez. Esta sombra es la que me interesa. Indefinida.

viernes, 22 de junio de 2007

POR CENTIMETROS

¿Que son 4 centímetros?. Nada. Casi nada. Son los que siempre me han faltado para ser una persona alta, para medir uno ochenta. Ver las cabezas desde lo alto, dominando con la mirada los peinados de la mañana, por la tarde los desarreglos, que no todo el mundo tiene un peine a mano a ciertas horas. También la falta de estos centímetros son una escusa. Escusa para iniciar este texto dolorido, molesto por los días y días de vigilia por no encontrar la tranquilidad que me produce no tener controlados los pensamientos incomprensibles.
Juan G. si que es alto. Él mide por lo menos uno ochenta y dos, y eso es una gozada. La altivez física ayuda mucho. Puede correr, dar grandes saltos que a veces imitan pequeños vuelos autónomos. Le da tiempo a ver venir entre la maraña de gentes al rubio del cuchillo, con la hoja destelleante, preparado para el siniestro sacrificio. Tiene tiempo de muchas cosas, hasta de hablar por hablar.

viernes, 8 de junio de 2007

D.E.C.(DONDE ESTOY COÑO) EXPERIMENTO.

¿Cómo detener la risa que se pasea entre los cadáveres?
¿Bastará con las urnas blindadas?
Poco pueden las manos cercenadas,
cuanto pesa la historia.

Mi caballo con las alas abatidas
camina huido
sin jinete

Voy al Sur
vengo del Norte
no hay Sol en el horizonte.

La piel resquebrajada
sima marina
cloaca
no soporta más palabras

Voy al Sur
vengo del Norte
no hay Sol en el horizonte.

Doy migajas a mis hijos
los perros con collares de brillantes
ladran a la Luna
y los cines sólo dan porno.

No puedo con las legañas de los ojos
despegar los labios
a gritos me llama el vacío.

Voy al Sur
vengo del Norte
no hay Sol en el horizonte.

martes, 29 de mayo de 2007

¿quién hay ahí?

¿Quién hay ahí?. Es la pregunta inquietante. Le hace salir a la calle en pijama. La casa-habitación está en alto ¿un palomar?. Baja por unas escaleras de hierro, estrecha y herrumbrosa que a mitad de camino está dada la vuelta. Los peldaños vienen desde el otro lado. Cuesta mucho cambiarse al otro lado, teme por su vida. No le hace ninguna gracias caer al vacío donde me le esperan una riada de coches que corren sin reparar en ambos sentidos. Ya pisando firme, con la garganta seca, angustiado por el descenso pone rumbo al bar que hay no más de doscientos metros, a tiro de piedra. Los coches pasan y pasan, pero no le ven o son blandos, imágenes lúmicas. ¿Quién hay ahí? Tras los cristales ligeramente empañados un ennegrecido visillo pegado impide que vea con nitidez el interior. Las caras que voy descubriendo me sorprenden, dejaron de existir hace algún tiempo, compañeros, familiares, algún amigo y sobre todo desconocidos, hay muchos desconocidos, por lo que no se sabe si son invención o qué. Juan G. está meditando apoyado en el quitamiedos del puente alto.

martes, 22 de mayo de 2007

SUPER

¿Que hay que no pueda suceder en el Super?. Es un escenario perfecto para situar un relato de amor, de intriga, de miedo, de violencia, de engaño... No conozco un espacio que pueda dar tanto juego, hasta hay alcohol, papel higiénico, chocolate, insecticidas, carnes, detergentes... También hay madres e hijos. Puede ser que veamos las relaciones filiales más antagónicas. El niño corre de un lado para otro, grita, revuelve por aquí y por allí. Insoportable. La madre sólo dice, Alfonso, Alfonso, Alfonso, vale ya. Alfonso ven aquí, tan bajo que ni ella se oye. Y Alfonso corre, que te corre, incordia que te incordia, vocea. Mira lo que hay aquí, déjame que me compre este paquete, sólo este que es muy pequeño. Y vuelta a correr. Que coñazo. El otro caso es meloso y aplastante. La madre habla y habla. Habla bajito a su hija adolescente. La adoctrina. Le dice de la capacidad de decisión de hombre y habla, habla y habla. La chica cuando va a contestar, a opinar, a sugerir o simplemente a intervenir se encuentra con la madre que sigue hablándola bajito de lo bueno y lo malo. De tu sabrás lo que haces que ya no eres una niña. Y la chica aturdida. Juan G. apunto de desfallecer. Esto es lo que ocurre en el Super entre otros.

martes, 15 de mayo de 2007

SOBRE LOS SUEÑOS

Sabe Juan G. que esta parte de la consciencia será leída por casualidad. No voy a entrar en la ya vieja pelea de la casualidad o la causalidad, más materialista, más dialéctica materialista. Me pierdo en los neurismas, me pierdo en la corriente alterna y en la continua de las neuronas. Los sueños son caprichosos, a veces espantan y otras te llevan lejos, volar sin alas. Juan G. en sueños corre como wueldigo. Un salto de longitud imposible le lleva al extremo de la calle donde se comete el crimen o donde se ama voluptuosamente. Si le analizara un especialista, como se dice un profesional de la cabeza y el orden, seguro que le guardaba una temporada o al menos le aconsejaba dejar de soñar. Juan G., no se pueden tener poluciones nocturnas después de haber fornicado a lo bestia. Date un respiro. Sosiégate y deja que el mundo avance con su peculiar y arrolladora maquinaria. Date cuenta que estas válvulas de escape, no son nada más que válvulas de escape y que los espadachines lo que en realidad están deseando no es matar al otro sino afirmar su existencia.
Los sueños y los objetos imposible se ocultan bajo el cuero cabelludo. Están en alguna parte, al igual que alguna parte está en los sueños.
Una avalancha sólo es un tropel.

lunes, 14 de mayo de 2007

Memoria

Mi amigo Juan G. buscaba en su memoria un término que durante mucho tiempo manejó, pero que ahora se le escapaba.
El término era sencillo, dos palabras, pero no había forma. Llegaba hasta saber que se utilizaba jurídicamente, ni por esas. Las palabras se escurren como las anguilas. Son difíciles de pescar, difíciles de morir y no se sabe bien si son culebra o pez o pez culebra. Viajan pegadas al fondo, agua dulce o salada, pero incansables cumplidoras de su círculo vital.
Sólo una de ellas te dejaba helado a pesar de que esa bonita la condenada. Dicha despacio y sola hasta sonaba bien a g r a v i o, pero mata. Agravio comparativo. Pongamos por caso que al mirarte en el espejo tu yo reflejado sea magnífico, y tú sin embargo picado de viruela. Puede que te alegre, pero es una injusticia manifiesta. Juan G. lo sabe.