lunes, 14 de mayo de 2007

Memoria

Mi amigo Juan G. buscaba en su memoria un término que durante mucho tiempo manejó, pero que ahora se le escapaba.
El término era sencillo, dos palabras, pero no había forma. Llegaba hasta saber que se utilizaba jurídicamente, ni por esas. Las palabras se escurren como las anguilas. Son difíciles de pescar, difíciles de morir y no se sabe bien si son culebra o pez o pez culebra. Viajan pegadas al fondo, agua dulce o salada, pero incansables cumplidoras de su círculo vital.
Sólo una de ellas te dejaba helado a pesar de que esa bonita la condenada. Dicha despacio y sola hasta sonaba bien a g r a v i o, pero mata. Agravio comparativo. Pongamos por caso que al mirarte en el espejo tu yo reflejado sea magnífico, y tú sin embargo picado de viruela. Puede que te alegre, pero es una injusticia manifiesta. Juan G. lo sabe.

domingo, 6 de mayo de 2007

ENTREDEDOS

La luz recorre el reloj
en el amanecer
tenemos las manos entrelazadas
y se nos escapa la harina

suprimiendo lo obvio
sólo queda el beso
el beso prolongado y húmedo
tu rostro reflejo en mis manos
te añoro

hay cosas que no cambian
el amor el dolor los puestos callejeros
los perros vagabundos
porque me duele quitarme el collar
aun te busco

como un ciego ignorante
llevamos tiempo contemplando la luna
y la luna nos contempla
es recíproca
la leche hervida en dedales de oro
desvanece la esperanza de detener el tiempo
puede que hasta la cantante calva
venga al cumpleaños de los andamios herrumbrosos

miércoles, 2 de mayo de 2007

Partida de bautismo

Mi amigo Juan G. está hoy contento. Le dio por ahí. Se marchó a su pueblo. Mi amigo Juan G. es de pueblo, muy de pueblo. Como suele decirse más que las amapolas. Cuando llegó as su pueblo sin pararse siquiera en unos de esos bares, de lo que más hay se dirigió a la parroquia para ver su partida de bautismo. Tal como lo pensó llamó al párroco y le expuso su caso, su sencillo caso, quería ver su partida de bautismo. Cosa más absurda, pensó el cura, pero bueno, cuestiones más pelegrinas había tenido que tender, así que le preguntó cuando fue el hecho o cuando pensaba él que fue.
Juan G. le dijo cuando nació y como entonces era costumbre bautizarles siendo unos bebés, por aquella fecha buscó el cura la partida de bautismo de Juan G.
Por alguna razón, o por lo más obvio, la partida de bautismo de Juan G. no existía. Mi amigo no estaba bautizado, mi amigo no era cristiano y esto le quitaba un gran peso de encima. Podía ser lo que quisiera ser sin tener que renunciar a nada, incluso cristiano. Así que ahora podía empezar a pensar en que ser ya que no era y esto si es de peso.

lunes, 30 de abril de 2007

Recuperar la ensoñación, lo soñado, es vital. Tal vez la música nos ha llevado a la autopista de los patines. Una tabla ancha, tres rodamientos y un poco de imaginación artesana hacen el resto. Nos deslizamos con nuestros vehículos a impulsos de nuestro pie derecho por llano y cuesta abajo. Las cuestas arriba no hay más remedio que coger el patín debajo del brazo y arrear con él en busca de la nueva sensación de al bajada, cuando nos tiremos por la cuesta. Eso es. Arriba, abajo. Arriba, abajo. Todo es fácil cuando el esfuerzo se ve recompensado. La fustración sólo se produce cuando el esfuerzo te lleva a la nada, al vacío o a la sima. Estamos contentos. Gritamos entre el chirriar de las ruedas que se quedaron sin aceite. El aceite también es muy bueno, ayuda y facilita. Incluso es curativo. Algún patín queda destrozado, las vibraciones sacan las ruedas y el muchacho rueda con algún que otro desuello. Llora, se ríe, no sabe a que atenerse. Los demás se tronchan. Todos se ríen de él, de su torpeza o de su mala suerte. El se enrabieta, le da igual pero se enrabieta y no comprende el escarnio de sus compañeros de juegos. Se limpia las lágrimas con la bocamanga del viejo jersey y se embadurna toda la cara de lágrimas, mocos, polvo y desesperación y no tiene más remedio que marchar a su casa, reconocerse en la derrota y despertar. No es nada fácil. Está intranquilo y ya le cuesta dormir de nuevo aunque ha recuperado el sueño.

martes, 24 de abril de 2007

PRIMER PLANO

Tenía un primer plano. Si alguna vez hacía algo de cine, vídeo o televisión tenía un primer plano ineludible: Sobre una pasarela solo veríamos pies, pies descalzos, pequeños, grandes, sensuales, paseándose por la pasarela sin cuerpo. Sólo veríamos los pies adelante y atrás, pies y mas pies. Esto es el plano soñado.

Más o menos a las siete de la mañana, cuando despereza el día y ya huele a humanidad en el metro vi el primer plano, no lo soñé. Allí estaba él. Sobre una de las barras para que no cayéramos al suelo, diferente manos contrapeadas, cada una prolonganción de un brazo inexistente, opaco cubrían toda la barra. Manos velludas, rudas, secretarias, y entre todas destacando una mano negra, negra.

No se con que primer plano quedarme, seguro que no haré cine, ni vídeo, ni televisión así que lo cuento y de momento baste.

miércoles, 18 de abril de 2007

SALAMANCA

Plaza mayor y cerveza moderna
sin alcohol
Recorro tus calles, plazas y parques
y se me atraviesan Frayluises quijotes
No puedo parar
Veo más, aprendo más y me polinizo
Este sol magnífico ha sacado
el mundo a la calle,
La calle es el mundo
inconcluso.

miércoles, 11 de abril de 2007

También hay que opinar

Acababa de leer a Arturo Barea cuando teniendo entre la manos las memorias de García Márquez en la página 138 le recuerda. Leí Los Girasoles Ciegos (confieso por lo sugerente del título) y al poco leo que es uno de los libros más leídos con la mejor publicidad que se pueda hacer de un título, el boca a boca. Leo el Lápiz de Carpintero de Manuel Rivas, maravillado de este mi comienzo en la literatura gallega, en la historia gallega y en la vida gallega; y al leer a Carmen Pérez, gallega que ha bebido también la fuente del lápiz de carpintero, según relata, creo. Creo en esta sucesión de títulos, nombres, historias... todo está conectado. Será la vida?. Hagamos la cotidianidad extraordinaria y lo extraordinario cotidiano, sencillamente. Gracias Arturo, Gabriel, Alberto, Manuel, Carmen... por hacernos sentir sin necesidad de pellizcarnos cada instante.